Israel y Turquía han elevado este jueves el tono de sus advertencias mutuas después del bombardeo israelí contra la base aérea siria de Abu al-Duhur. El Gobierno israelí sostiene que una presencia militar turca permanente en esa instalación representaría una amenaza para su seguridad, mientras Ankara y Damasco niegan que existiera un plan para establecer allí una base turca.
El ataque se produjo el martes y alcanzó una instalación situada en el noroeste de Siria, cerca de la zona de influencia turca. Las autoridades sirias informaron de daños materiales sin comunicar víctimas. El episodio abre un nuevo foco de tensión entre dos potencias regionales que mantienen intereses militares y estratégicos diferentes en la Siria posterior a la caída de Bashar al-Assad.
Versiones enfrentadas sobre la presencia turca
Israel afirmó que había actuado ante la posibilidad de un despliegue turco próximo en Abu al-Duhur. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, advirtió a Ankara contra actuaciones que su Gobierno considere una amenaza. Turquía rechazó esa versión y aseguró que no había personal suyo en la base antes ni durante el bombardeo.
Siria también negó que estuviera preparando la instalación de una base militar turca. Sí reconoció contactos con oficiales de Turquía relacionados con formación, cooperación y asesoramiento. Esa diferencia es importante: la existencia de cooperación militar entre ambos países está confirmada, pero no equivale por sí misma a que existiera una decisión para desplegar una base permanente en Abu al-Duhur.
Turquía comparte alrededor de 900 kilómetros de frontera con Siria y ha incrementado su influencia sobre el país desde que Ahmed al-Sharaa asumió el poder tras el derrocamiento de Assad en 2024. Ankara ha respaldado a las nuevas autoridades sirias y participa en programas de formación y reconstrucción de capacidades.
Israel, por su parte, ha intensificado sus operaciones en territorio sirio desde la caída del antiguo régimen. Durante años, la preocupación israelí se concentró principalmente en la presencia de Irán y de organizaciones aliadas de Teherán. La creciente relación militar entre Turquía y el nuevo Gobierno sirio introduce ahora un factor distinto.
Estados Unidos intenta evitar un choque
Washington trabaja en un mecanismo de desconflicción entre Turquía, Israel y Siria que permita intercambiar información y evitar que movimientos militares sean interpretados como preparativos hostiles. El enviado estadounidense para Siria, Tom Barrack, calificó el ataque israelí de escalada innecesaria y defendió una estructura de comunicación más clara entre las partes.
Días antes del bombardeo se produjo además una inusual conversación entre el director del Mossad, Roman Gofman, y el ministro sirio de Exteriores, Asaad al-Shaibani. Según fuentes conocedoras del contacto, la presencia militar turca y la transferencia de capacidades a Siria estuvieron entre los asuntos abordados.
El intercambio muestra hasta qué punto el equilibrio regional está cambiando. Israel y Siria han mantenido contactos indirectos para reducir tensiones, pero la cuestión turca puede complicar ese proceso si no existe una fórmula aceptable para las tres partes.
Ni las afirmaciones israelíes sobre un inminente despliegue turco ni las acusaciones de Ankara deben presentarse como hechos independientes de quien las formula. Lo confirmado es el bombardeo, la cooperación militar turco-siria, la negativa de Turquía a que estuviera instalando una base y la preocupación expresada por Israel.
Estados Unidos intenta ahora que esas diferencias se canalicen mediante comunicación previa. El riesgo es que un nuevo ataque o movimiento militar provoque una respuesta directa entre Israel y Turquía, dos países con capacidad suficiente para convertir una disputa sobre Siria en una crisis regional mucho más amplia.



