El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado con imponer consecuencias económicas a cualquier país que proporcione apoyo financiero, comercial o institucional a Irán, en un nuevo intento de aumentar la presión sobre Teherán mientras continúa la guerra iniciada hace casi seis meses junto a Israel.

Trump formuló la advertencia en redes sociales, pero no detalló qué sanciones, aranceles u otras medidas utilizaría ni identificó a un Estado concreto como destinatario. Esa ausencia de precisión obliga a distinguir entre la amenaza política y una decisión económica ya adoptada: por el momento, Washington ha anunciado la intención de endurecer el coste de ayudar a Irán, pero no ha definido públicamente el mecanismo.

Una presión que puede alcanzar a socios comerciales de Teherán

La advertencia adquiere especial relevancia por las relaciones económicas que Irán mantiene con terceros países. China compra más del 80% del petróleo iraní transportado por mar, según datos de Kpler citados por Reuters, y ha defendido una salida diplomática al conflicto. Cualquier intento estadounidense de penalizar a entidades extranjeras que mantengan vínculos con Teherán tendría, por tanto, implicaciones más allá de la relación bilateral entre Estados Unidos e Irán.

Los Emiratos Árabes Unidos también han adoptado medidas propias en los últimos días, suspendiendo actividades comerciales, financieras y de intercambio con Irán después de un incidente relacionado con un misil. El contexto regional sigue condicionado por la guerra y por el estrecho de Ormuz, paso por el que antes del conflicto circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente.

Los intentos de alto el fuego anunciados en abril y junio no lograron consolidarse. Aunque Israel ha reducido ampliamente su participación directa en los combates, el enfrentamiento entre Washington y Teherán continúa y mantiene efectos sobre las rutas marítimas, los mercados energéticos y las relaciones diplomáticas en el Golfo.

Irán acusa a Washington de “terrorismo económico”

El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araqchi, rechazó las palabras de Trump y calificó la estrategia estadounidense de “terrorismo económico”. La respuesta de Teherán forma parte de una disputa en la que las sanciones han sido durante décadas uno de los principales instrumentos de presión de Estados Unidos sobre la economía iraní.

Reuters señala que Trump todavía no ha alcanzado varios de los objetivos que planteó al inicio de la guerra, entre ellos desmantelar el programa nuclear iraní y reducir la capacidad de Teherán para atacar a sus adversarios regionales. Irán mantiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos.

La falta de detalles sobre las nuevas consecuencias económicas es, por ahora, el principal límite para medir el alcance real de la amenaza. No es lo mismo ampliar sanciones a determinadas entidades que aplicar medidas secundarias de gran escala contra países que comercien con Irán.

El mensaje, sin embargo, aumenta la incertidumbre para bancos, compañías energéticas, aerolíneas y gobiernos que conservan algún tipo de relación con Teherán. Si Washington convierte la advertencia en medidas concretas, el efecto podría alcanzar a actores que no participan directamente en la guerra.

Hasta entonces, la noticia es una escalada en el lenguaje económico de la Casa Blanca, no un nuevo régimen de sanciones ya definido. Las próximas decisiones de la Administración estadounidense determinarán si la amenaza se transforma en una presión efectiva sobre terceros países o queda como herramienta de negociación.