Canarias no va a dejar de ser Europa porque no aparezca en una esquina de los futuros billetes. Conviene decirlo antes de convertir otro asunto simbólico en una ceremonia de agravio: los diez diseños presentados por el Banco Central Europeo son propuestas preliminares, ninguna ha sido elegida y la ausencia afecta también a las demás regiones ultraperiféricas.

Los billetes actuales incluyen, dentro de pequeños recuadros, a Canarias y a algunos territorios franceses donde circula el euro. Es un detalle valioso y sería razonable conservarlo. Pero de ahí a presentar los nuevos bocetos como una operación para expulsar al Archipiélago del imaginario europeo existe una distancia considerable.

No es un ataque contra Canarias

El BCE ha seleccionado diez propuestas inspiradas en dos temas: la cultura europea y los ríos y las aves. Algunas muestran a Cervantes, Beethoven o Marie Curie; otras recurren a paisajes, animales e instituciones comunitarias.

Los diseñadores debían incorporar una representación de Europa, pero los mapas incluidos no reproducen Canarias, Azores, Madeira ni los territorios franceses de ultramar. La omisión existe y debe corregirse. Lo que no existe es una exclusión dirigida específicamente contra las islas.

Además, el proceso continúa abierto. Los ciudadanos pueden participar en una encuesta hasta el 21 de septiembre y el BCE no prevé escoger el diseño definitivo hasta finales de 2026. Después habrá que desarrollarlo y probarlo antes de su entrada en circulación.

Resulta legítimo pedir que la versión final incluya a las regiones ultraperiféricas. Lo absurdo es transformar un error gráfico subsanable en una amenaza contra el estatus europeo de Canarias.

Europa reconoce a Canarias donde importa

Canarias no depende de un dibujo diminuto para acreditar su pertenencia a la Unión. Su condición de región ultraperiférica está reconocida en el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Ese precepto permite adoptar medidas específicas por la lejanía, la insularidad y las dificultades estructurales del Archipiélago.

Ese reconocimiento sí tiene consecuencias materiales: políticas fiscales diferenciadas, ayudas agrícolas, fondos de cohesión y programas adaptados. Ahí debe concentrarse la capacidad política de Canarias.

Sería preocupante que se redujeran los fondos europeos, que se debilitaran las medidas del Régimen Económico y Fiscal, que no se atendieran los sobrecostes del transporte o que la agricultura canaria perdiera protección. Un mapa incompleto en un boceto no tiene esa trascendencia.

Menos victimismo y más exigencia

En Canarias reaccionamos a veces con enorme energía ante los símbolos y con mucha menos constancia ante los problemas que afectan al bolsillo y a las oportunidades. Es sencillo publicar un mensaje indignado porque las islas no aparecen en un billete. Es bastante más difícil negociar durante meses en Bruselas para proteger la conectividad, el sector primario o las compensaciones por la lejanía.

La representación simbólica importa. Canarias debe figurar en los mapas europeos cuando estos pretendan mostrar el territorio de la Unión. Pedir al BCE que corrija los diseños es sensato. Presentarlo como una humillación histórica o una prueba de que Europa ignora al Archipiélago es una exageración que infantiliza el debate público.

Probablemente muchos canarios no habían reparado nunca en los pequeños recuadros de los billetes actuales. Su desaparición no alteraría un solo derecho, pero mantenerlos tampoco perjudica a nadie. La respuesta madura consiste en solicitar la corrección sin aspavientos y reservar la verdadera batalla política para aquello que determina nuestra prosperidad.

Canarias no necesita políticos especializados en descubrir ofensas microscópicas. Necesita representantes capaces de defender sus singularidades cuando se negocian presupuestos, normas y oportunidades. Europa debe recordar que las islas forman parte de su territorio. Y nosotros debemos recordar que pertenecer a Europa significa mucho más que aparecer dibujados en unos milímetros de papel moneda.