Solo siete buques de mercancías atravesaron el estrecho de Ormuz durante el jueves, la mitad que en la jornada anterior, según los datos de seguimiento marítimo de Kpler recopilados por Reuters. El nuevo descenso mantiene el tráfico por una de las rutas energéticas más importantes del planeta en niveles excepcionalmente bajos mientras continúa la tensión entre Estados Unidos e Irán.
De los siete barcos registrados, cuatro entraron en el Golfo y tres salieron. Entre ellos no figuraba ningún gran petrolero de la categoría VLCC ni ningún metanero dedicado al transporte de gas natural licuado. Sí salió un gran buque gasero con cargamento de propano y butano utilizando una ruta próxima a Irán.
Un paso clave para el petróleo y el gas
Antes del comienzo de la guerra en febrero, por Ormuz circulaba cerca de una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo crudo y gas natural licuado. Su estrechez geográfica convierte el corredor en un punto crítico: buena parte de las exportaciones energéticas de Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar dependen directa o indirectamente de que el tránsito pueda realizarse con seguridad.
La caída a siete buques no significa que el estrecho esté completamente cerrado. Demuestra, sin embargo, que muchas navieras continúan limitando sus movimientos ante el riesgo de ataques, las condiciones de seguro, los costes de transporte y la incertidumbre política.
El dato de Kpler tiene además una limitación: el seguimiento se basa en señales y herramientas de localización marítima y puede no detectar embarcaciones que naveguen con sus transpondedores apagados. Por tanto, sirve para medir una tendencia, pero no necesariamente cada tránsito realizado.
La tensión se produce mientras las conversaciones entre Washington y Teherán permanecen estancadas y Estados Unidos prepara una nueva fase de presión económica sobre Irán. Esa combinación mantiene a las compañías marítimas ante una decisión difícil: esperar, buscar mecanismos de protección o asumir un trayecto cuya relevancia comercial es enorme.
También se reduce el tráfico en Bab el-Mandeb
La ralentización no se limita a Ormuz. En el estrecho de Bab el-Mandeb, otro punto decisivo para las rutas entre Asia, Oriente Próximo y Europa, se registraron 23 buques de mercancías durante el jueves, frente a 34 en cada uno de los dos días anteriores.
La coincidencia de problemas en ambos corredores aumenta el riesgo para las cadenas de suministro. Desviar rutas implica más días de navegación, mayor consumo de combustible y costes superiores de flete y seguro, efectos que pueden trasladarse a los precios finales.
Los mercados energéticos están reaccionando a esa incertidumbre. El crudo Brent se mantiene en niveles elevados y encamina una segunda semana consecutiva de subida, condicionado por las dificultades de suministro y el riesgo de una escalada regional.
El tráfico de un solo día no basta para definir una tendencia permanente. Ormuz ha experimentado variaciones importantes durante los últimos meses y determinados buques han retomado movimientos cuando las condiciones lo permitían.
Lo relevante este viernes es que la normalización sigue lejos. Pasar de 14 buques a siete en una jornada y no registrar grandes petroleros ni metaneros muestra que las principales compañías continúan actuando con extrema cautela.
Mientras no exista un acuerdo político o una mejora estable de la seguridad, cada dato de tránsito por Ormuz seguirá funcionando como un termómetro de la crisis: cuanto menos tráfico atraviese el estrecho, mayor será la presión sobre la energía, el transporte marítimo y el comercio internacional.



