Un ataque ruso con drones ha dejado al menos cuatro muertos durante la madrugada de este viernes en la localidad de Lebiazhe, situada en la región ucraniana de Járkov. Las autoridades regionales informaron de que seis aparatos alcanzaron el pueblo y provocaron incendios en una zona residencial, mientras continuaban las labores de emergencia.
Entre las primeras víctimas confirmadas figuran dos mujeres de 73 y 66 años. Posteriormente, los equipos de rescate localizaron otros dos cuerpos entre los daños causados por el ataque. El balance puede cambiar si las operaciones de búsqueda continúan o aparecen nuevos heridos.
Rusia lanzó 135 drones durante la noche
La Fuerza Aérea ucraniana aseguró que Rusia empleó 135 drones en su ofensiva nocturna contra diferentes puntos del país. Según el balance de Kiev, 107 fueron derribados o neutralizados mediante defensas aéreas y sistemas de guerra electrónica.
Las autoridades ucranianas señalaron impactos en 16 localizaciones. Esos datos proceden de la parte atacada y deben atribuirse como tales mientras no puedan ser verificados de manera independiente en su totalidad.
La diferencia entre el número de drones lanzados y los interceptados muestra el desafío que supone una ofensiva de saturación. Incluso cuando una proporción elevada de aparatos es destruida, los que atraviesan las defensas pueden causar víctimas y daños significativos en zonas habitadas o infraestructuras críticas.
Járkov, situada en el nordeste de Ucrania y próxima a la frontera rusa, ha sufrido ataques repetidos desde el inicio de la invasión. La región combina grandes centros urbanos con localidades rurales que disponen de menos infraestructura de protección y pueden resultar especialmente vulnerables a impactos nocturnos.
Ataques en ambos sentidos
La madrugada también estuvo marcada por operaciones ucranianas contra territorio controlado por Rusia. Kiev informó de ataques contra objetivos relacionados con la infraestructura energética y militar rusa, entre ellos una refinería en Perm.
El Ministerio de Defensa ruso, por su parte, afirmó haber derribado 325 drones ucranianos de ala fija sobre diferentes regiones, Crimea y áreas de los mares Negro y de Azov. Esa cifra corresponde a la versión oficial de Moscú y, como ocurre con los balances ucranianos, debe presentarse atribuida.
La guerra mantiene así una dinámica en la que los drones de largo alcance ocupan un papel cada vez mayor. Son más baratos que muchos misiles y permiten atacar objetivos situados a cientos de kilómetros, pero su uso masivo obliga a gastar recursos de defensa de forma constante.
El ataque de Lebiazhe vuelve a situar a la población civil en el centro del coste de esa estrategia. Las víctimas no se produjeron en una gran instalación militar, sino en una localidad donde los impactos provocaron incendios en viviendas.
La cifra de 135 aparatos lanzados durante una sola noche también ilustra la escala que han alcanzado estas operaciones. Ucrania sostiene que neutralizó la gran mayoría, pero la destrucción causada por una pequeña parte de los drones fue suficiente para dejar al menos cuatro fallecidos.
A la espera de un balance definitivo, la información confirmada por las autoridades locales mantiene la atención en Lebiazhe. Los equipos de emergencia continúan revisando los daños mientras la región de Járkov afronta otra jornada después de una noche de ataques.
La evolución de la guerra demuestra que una alta tasa de interceptación no equivale a protección completa: cuando los lanzamientos se cuentan por centenares, unos pocos impactos pueden seguir teniendo consecuencias mortales.



