Banco Santander ha completado la adquisición de Webster Financial Corporation y ha ejecutado una ampliación de capital por cerca de 3.559 millones de euros para atender parte de la contraprestación de la operación. El cierre refuerza la presencia del grupo español en Estados Unidos y culmina un proceso que había requerido autorizaciones regulatorias en ambos lados del Atlántico.

La ampliación supone la emisión de 329.846.438 nuevas acciones de Santander, con un precio de emisión de 10,7896 euros por título. El importe total asciende a 3.558.911.127,44 euros, de los que aproximadamente 164,9 millones corresponden a valor nominal y el resto a prima de emisión.

Más escala en Estados Unidos

La mayor parte del negocio de Webster se integrará en Santander Bank, la filial estadounidense del grupo. La operación aumenta el tamaño de la franquicia del banco en un mercado en el que Santander lleva años intentando mejorar rentabilidad y eficiencia, después de haber construido una posición relevante en financiación al consumo y banca comercial.

El grupo ha señalado como objetivo que su negocio estadounidense alcance un retorno sobre capital tangible, conocido por sus siglas ROTE, cercano al 18% en 2028. También estima que la adquisición puede elevar el beneficio por acción del grupo entre un 7% y un 8% y generar una rentabilidad sobre la inversión próxima al 15%, previsiones que dependen de que se cumplan las sinergias y supuestos incluidos en el plan de integración.

Las nuevas acciones representan alrededor del 2,25% del capital existente antes de la ampliación y aproximadamente el 2,20% después de su ejecución. Tras la operación, el capital social de Banco Santander queda situado en unos 7.509,6 millones de euros.

Integración y supervisión regulatoria

La compra había ido superando durante los últimos meses los diferentes filtros necesarios para su cierre. Entre las autorizaciones conocidas figuran las del regulador bancario estadounidense, la Oficina del Contralor de la Moneda, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal. La obtención de esos permisos era condición imprescindible para completar una transacción de esta dimensión.

El verdadero examen comienza ahora con la integración. Adquirir una entidad permite ganar clientes, depósitos y capacidad comercial de manera inmediata, pero también obliga a unificar sistemas, estructuras, equipos y procesos de riesgo. Parte de la rentabilidad prevista dependerá de que Santander ejecute esa integración sin deteriorar el servicio ni asumir costes superiores a los calculados.

La operación estadounidense se produce además en una etapa de expansión del grupo mediante adquisiciones. Santander ha reforzado recientemente su estrategia internacional con movimientos como la compra de TSB, lo que eleva el peso de las decisiones de asignación de capital y obliga a medir con precisión el retorno de cada inversión.

Para los accionistas, la ampliación implica una emisión de nuevos títulos y, por tanto, una dilución limitada de las participaciones anteriores. El banco confía en compensarla mediante el aumento futuro del beneficio derivado de la operación.

El cierre de Webster no garantiza por sí solo que se alcancen los objetivos anunciados para 2028. Sí modifica de forma inmediata la dimensión del negocio de Santander en Estados Unidos. A partir de ahora, los resultados trimestrales tendrán que mostrar si el aumento de escala se traduce en el nivel de rentabilidad que la entidad ha presentado a inversores y supervisores.