El Rebusco Bodegas, en el Valle de Güímar, ha convertido la combinación de producción vitivinícola, enoturismo e innovación en el eje de un proyecto dirigido desde 2020 por los jóvenes viticultores Javier Luaces y Deborah Díaz. El consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, visitó este jueves las instalaciones para conocer la evolución de la vendimia y los proyectos de diversificación que desarrolla la empresa.
Luaces y Díaz se formaron en la Escuela de Capacitación Agraria de Tacoronte y asumieron la gestión de la bodega con la intención de ampliar su actividad más allá de la elaboración tradicional de vino. El proyecto combina el trabajo con variedades locales, la recepción de visitantes y diferentes iniciativas destinadas a aportar valor añadido a una explotación que opera en una comarca con una larga tradición vitícola.
Del viñedo al fondo del mar
Una de las iniciativas más singulares de El Rebusco es su instalación submarina para la conservación y evolución del vino. La estructura tiene capacidad para unas 5.000 botellas y se encuentra a aproximadamente 18 metros de profundidad. La experiencia permite estudiar cómo influyen en el producto unas condiciones de temperatura, presión, ausencia de luz y movimiento distintas de las que se dan en una bodega convencional.
La propuesta se ha incorporado también al relato enoturístico de la empresa. Según los datos divulgados por el Gobierno de Canarias, El Rebusco recibe visitantes procedentes de más de 30 países. La actividad turística permite mostrar el proceso de elaboración y vincular el producto a la identidad agrícola y paisajística del Valle de Güímar, en lugar de limitar la relación con el consumidor a la venta de la botella terminada.
La bodega ha extendido además su actividad al olivar. Su primera producción de aceite de oliva se agotó en cuatro meses, un resultado que la empresa utiliza como base para seguir explorando nuevas líneas de negocio vinculadas al sector primario. La diversificación reduce la dependencia de una única campaña y permite aprovechar mejor la relación directa que el proyecto mantiene con quienes visitan las instalaciones.
Relevo generacional en el campo
El Ejecutivo autonómico ha presentado la experiencia como un ejemplo de incorporación de jóvenes profesionales al sector. Ese relevo constituye uno de los desafíos de la agricultura canaria: mantener explotaciones activas exige que nuevas generaciones encuentren una actividad económicamente viable y con posibilidades de crecimiento.
El Rebusco recibió en 2024 un reconocimiento en los Premios de Enogastroturismo de Canarias, dentro de una trayectoria que ha buscado diferenciar el producto mediante experiencias, innovación y conexión con el territorio. La visita institucional de este jueves coincide con la vendimia, uno de los periodos decisivos para determinar la cantidad y calidad de la producción anual.
El interés del proyecto no reside únicamente en la singularidad del vino submarino. La cuestión de fondo es si modelos que combinan producción agraria, transformación, turismo y venta directa pueden mejorar la rentabilidad de pequeñas y medianas explotaciones. En un territorio insular con costes elevados y una fuerte competencia exterior, aumentar el valor obtenido de cada producto puede resultar tan importante como incrementar el volumen.
El Rebusco ensaya esa fórmula desde Güímar con una bodega gestionada por jóvenes, una oferta dirigida al visitante internacional y nuevas actividades agrícolas. Su evolución permitirá comprobar hasta qué punto esta diversificación puede consolidarse como una vía estable de negocio y no solo como un elemento de diferenciación comercial.



