Hay fiestas que se organizan y fiestas que pertenecen a un pueblo. Las de Nuestra Señora del Buen Viaje, en El Cotillo, forman claramente parte de las segundas. Durante agosto, una localidad de apenas unos miles de habitantes cambia de escala y se convierte en un gran punto de encuentro del verano majorero, con visitantes de toda Fuerteventura y también de otras islas.

Lo extraordinario no es únicamente la cantidad de actos. Es quién está detrás de ellos. El programa vuelve a mostrar una organización repartida entre vecinos, colectivos culturales, clubes deportivos, pescadores, asociaciones y negocios de El Cotillo, con el respaldo de las administraciones.

Un pueblo que organiza para toda Canarias

El secreto está en que cada parte del pueblo asume una responsabilidad. Hay vecinos colocando banderines, preparando comida, coordinando actividades, colaborando en actos deportivos o ayudando en las citas más tradicionales. Agrupaciones, clubes y voluntarios dedican días de trabajo a una programación que después disfruta una multitud.

El resultado ha crecido mucho más allá de una fiesta local. El Cotillo reúne deporte, conciertos, verbenas, actividades infantiles, folclore, pesca, procesiones y actos populares. La Fiesta del Agua se ha convertido en una de las jornadas más multitudinarias y la capacidad de convocatoria obliga incluso a reforzar el transporte público en los días principales.

También atrae a rostros conocidos de Canarias

Ese poder de convocatoria se aprecia también en la presencia de figuras conocidas de Fuerteventura y de la política canaria. Entre ellas está María Saavedra, diputada del Parlamento de Canarias por Fuerteventura, cuya familia es de El Cotillo y que mantiene por ello un vínculo personal con el pueblo. Saavedra ha llevado además a la Cámara asuntos directamente relacionados con el núcleo, como sus necesidades educativas.

Otro nombre especialmente ligado a la isla es Jéssica de León, consejera de Turismo y Empleo del Gobierno de Canarias y una destacada figura política majorera. De León nunca ha ocultado su identificación con Fuerteventura y llegó a reivindicar públicamente que seguiría participando en las parrandas de El Cotillo tras asumir responsabilidades de primer nivel.

Ese tipo de presencia ayuda a explicar que estas fiestas no son únicamente una cita de calendario. Para muchos majoreros son un punto de encuentro al que se regresa por vínculo personal con la isla, con el pueblo y con una celebración que ha trascendido sus propias dimensiones.

La tradición sigue siendo el centro

Reducir las fiestas de El Cotillo a sus verbenas o a la Fiesta del Agua sería perder lo esencial. El centro continúa siendo la Virgen del Buen Viaje y la identidad marinera del pueblo. La procesión marítimo-terrestre, la calada y el asadero popular mantienen una conexión directa con la historia de una localidad que ha vivido históricamente mirando al mar.

Ese equilibrio entre tradición y celebración multitudinaria es uno de sus mayores logros. Las fiestas atraen a gente de toda Fuerteventura y de otras islas y generan movimiento en restauración, alojamiento y comercio, pero siguen teniendo como motor principal a quienes viven allí.

El crecimiento obliga también a gestionar aparcamientos, limpieza, seguridad y convivencia. El reto no consiste únicamente en aumentar la asistencia, sino en conservar la escala humana y la participación vecinal que explican su éxito.

Año tras año ocurre lo mismo: llega agosto, El Cotillo se engalana y un pueblo pequeño organiza una celebración capaz de atraer a una multitud muy superior a su población habitual. Es una demostración de lo que una comunidad puede conseguir cuando sus vecinos siguen haciendo suyas las tradiciones y abren el pueblo al resto de Canarias.