El parque móvil de Fuerteventura continúa creciendo y se aproxima ya a los 115.000 vehículos. El último balance de la Dirección General de Tráfico citado este sábado por Radio Televisión Canaria sitúa la cifra en torno a 112.500 unidades, dentro de una tendencia ascendente que se mantiene desde la pandemia y que vuelve a poner sobre la mesa la presión del tráfico sobre una isla cuya población y actividad turística también han aumentado.

Puerto del Rosario concentra el mayor número de vehículos, con más de 41.000 matriculados. La capital majorera reúne así una parte muy relevante del parque móvil insular y presenta además una antigüedad media superior a los quince años, un dato que afecta tanto a la seguridad vial como a las emisiones y al coste de mantenimiento que soportan las familias.

Más vehículos y una isla más dependiente del coche

Fuerteventura cuenta con una estructura territorial dispersa, numerosos núcleos residenciales separados por varios kilómetros y una actividad económica muy vinculada a zonas turísticas alejadas de los principales centros administrativos. Esa configuración hace que el vehículo privado tenga un peso especialmente elevado en los desplazamientos cotidianos.

El crecimiento del parque no implica que todos los automóviles estén circulando al mismo tiempo ni que cada unidad corresponda a un residente distinto. En la cifra se incluyen diferentes categorías de vehículos y pueden existir empresas o particulares con más de uno. Aun así, el volumen permite medir la dependencia del transporte por carretera y la presión potencial sobre vías, aparcamientos y accesos a zonas urbanas y turísticas.

Betancuria continúa siendo el municipio con menor número de vehículos, con alrededor de 1.200, aunque incluso allí el parque supera a la población residente. En Tuineje destaca especialmente la antigüedad media de las matriculaciones, otro indicador que obliga a mirar no solo cuánto crece el parque, sino también cómo envejece.

El reto de la movilidad

La cifra plantea una cuestión de planificación insular. Más coches requieren una red viaria capaz de absorber desplazamientos, pero ampliar carreteras no resuelve por sí solo todos los problemas de movilidad. El transporte público, la frecuencia de las guaguas, las conexiones entre municipios y la posibilidad de realizar determinados trayectos sin vehículo privado condicionan la evolución futura.

Fuerteventura ha reforzado durante los últimos años servicios especiales de transporte para grandes eventos y celebraciones, pero el desafío cotidiano es distinto: ofrecer alternativas suficientemente frecuentes y competitivas para trabajadores, estudiantes y residentes que necesitan desplazarse a diario.

La antigüedad del parque añade además una dimensión económica. Sustituir un vehículo supone una inversión importante para cualquier hogar, especialmente en un contexto de precios elevados. Las políticas de renovación, electrificación o ayudas al transporte deben tener en cuenta esa realidad para no trasladar todo el coste de la transición al ciudadano.

El dato conocido este sábado confirma una tendencia estructural: Fuerteventura tiene cada vez más vehículos y la movilidad sigue descansando en gran medida sobre el automóvil. La discusión ya no es únicamente cuántos coches caben en las carreteras de la isla, sino qué modelo de transporte puede evitar que el crecimiento demográfico y turístico se traduzca automáticamente en más congestión, más necesidad de aparcamiento y una dependencia todavía mayor del vehículo privado.